Bisexualidad
Lic. Mayra Isel Rodríguez Garza
Alumna del Instituto Mexicano de Sexología, A.C.
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Los seres humanos no somos seres estáticos, somos seres en constante movimiento de nuestras ideas, percepciones e intereses los cuales van cambiando conforme a la etapa vivida por los sujetos. Dicho esto, es claro que la sexualidad, al ser parte integral del sujeto, tiene cambios a lo largo de la vida de la misma manera que lo hacen nuestros gustos por ciertas actividades y otros intereses.
Los seres humanos no somos seres estáticos, somos seres en constante movimiento de nuestras ideas, percepciones e intereses los cuales van cambiando conforme a la etapa vivida por los sujetos. Dicho esto, es claro que la sexualidad, al ser parte integral del sujeto, tiene cambios a lo largo de la vida de la misma manera que lo hacen nuestros gustos por ciertas actividades y otros intereses.
Vamos a ejemplificar esto: pensemos en el interés sensual de un recién nacido por las caricias y apapachos de los seres que le rodean; e imaginamos más delante sobre el interés de un niño por conocer las partes de su cuerpo y diferenciarlas del otro; y cómo este interés próximamente se convertirá en un deseo por estar con una persona de nuestro agrado, podemos observar como niños pequeños dicen que tienen “novio o novia” en su kínder y en la primaria, pero ésto se acentúa más cuando se llega a la adolescencia.
Para ser más específicos podemos pensar en las diferentes preferencias que a lo largo del tiempo hemos tenido conforme a prácticas sexuales se refiere, tal vez en un momento determinado de nuestra vida un beso apasionado era suficiente para sentirnos plenos, pero esa actividad puede cambiar de manera que en otra etapa de la vida el interés se puede centrar en caricias intensas o en tener coito sexual completo.
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Es así que repito, que los seres humanos somos seres dinámicos, en constante movimiento; esto es difícil de aceptar en una sociedad que esta acostumbrada a definirse a si misma, y a los sujetos que viven en ella, con términos polarizantes; es decir, que como sociedad estamos acostumbrados a definirnos con calificantes extremistas; o somos buenos o somos malos, dedicados o irresponsables, valientes o cobardes; y además de ser extremistas, solemos hacer que estos conceptos nos definan de manera totalizadora, es decir si en algún aspecto soy irresponsable, significa que en los demás aspectos de mi vida soy de la misma manera; entonces se vuelve complicado comprender que un ser humano, como ser dinámico que es, puede ser de diferente manera en diferentes aspectos y que más allá de esto, un ser humano puede definirse “a medias” en un aspecto, es decir, podemos encontrar a una pesona que ante una situación no pueda decidir si es bueno o malo para él mismo, es imparcial.
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Es así que repito, que los seres humanos somos seres dinámicos, en constante movimiento; esto es difícil de aceptar en una sociedad que esta acostumbrada a definirse a si misma, y a los sujetos que viven en ella, con términos polarizantes; es decir, que como sociedad estamos acostumbrados a definirnos con calificantes extremistas; o somos buenos o somos malos, dedicados o irresponsables, valientes o cobardes; y además de ser extremistas, solemos hacer que estos conceptos nos definan de manera totalizadora, es decir si en algún aspecto soy irresponsable, significa que en los demás aspectos de mi vida soy de la misma manera; entonces se vuelve complicado comprender que un ser humano, como ser dinámico que es, puede ser de diferente manera en diferentes aspectos y que más allá de esto, un ser humano puede definirse “a medias” en un aspecto, es decir, podemos encontrar a una pesona que ante una situación no pueda decidir si es bueno o malo para él mismo, es imparcial.
Y es por esto que la bisexualidad ha sido difícil de comprender; la bisexualidad es precisamente el punto intermedio entre la homosexualidad y la heterosexualidad, “una persona bisexual es aquella cuya orientación sexual se dirige tanto hacia mujeres como hacia varones, es decir, hacia los miembros de su propio género, así como hacia miembros del género opuesto” (Shibley, 2006, p.383). Entonces la aceptación social se complica, ya que una sociedad acostumbrada a pensar en los extremos, intenta integrar al bisexual en cualquiera de esos extremos y así negar su existencia e invisibilizarlo. Y como todos nosotros hemos aprendido a interactuar en esta sociedad, (obviamente con claras diferencias en la interacción de acuerdo a las clases sociales) llevamos unos guiones sociales similares y los bisexuales, al verse identificados como tales, pueden sufrir una difusa formación de identidad por la misma razón, pues se sienten negados en el grupo mayoritario (heterosexuales) y también rechazados en el otro grupo que aparentemente se conoce como más flexible (homosexuales).
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Debido a las categorizaciones binarias tan limitadas a las que estamos acostumbrados, muchos bisexuales no se definen como tales, pues imaginan que todo mundo tiene que ubicarse en alguno de los dos extremos. Esto los hace vivir muy incómodos y los obliga a reprimir, interna y externamente, una parte de su sexualidad también muy real…. La bisexualidad, pues, rompe con las categorizaciones absolutas y dicotómicas y abre espacios intermedios menos determinantes…. En una sociedad que no valora los distintos tonos de gris y trata de meterlos a la fuerza en el blanco o el negro, el bisexual puede sentir confusión al tratar de encajar en algún extremo que le es ajeno. (Riesenfeld, 2006, p. 34)
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“En el mundo heterosexual, a quien manifiesta tener una parte homosexual se lo considera un gay reprimido, o se piensa que sus sentimientos heterosexuales no son genuinos sino resultado de una confusión. El bisexual es sometido a diversos rechazos y cuestionamientos, no sólo en el mundo heterosexual. Si en un ambiente gay alguien se dice bisexual, es común que se lo acuse de ser un gay que no se acepta, que quiere huir de sí mismo, que cede a los dictados sociales… Como resultado, para muchos de ellos es difícil encontrar un ambiente en donde realmente puedan mostrarse tal como son, sin tener que ocultar una parte de sus sentimientos.” (Riesenfeld, 2006, p. 20)
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Se ha documentado ya sobre la dificultad de reconocerse diferente en una sociedad heterosexista y homofóbica; Olivera y Oviedo mencionan como Castañeda, Soriano y Woodman y Lenna, coinciden cuando señalan que
El descubrimiento de la propia homosexualidad implica un proceso de formación de identidad que pasa por diversos momentos que garantiza un momento de confusión, crisis, rechazo y una necesidad de reorganizar y de resignificar el papel que tienen en la sociedad, por lo que se plantean la necesidad de crear un nuevo plan de vida distinto al heterosexual. (Olivera y Oviedo, 2004, p. 116)
Y como a esto se le suma el rechazo del otro grupo, autores como Riesenfeld (2006) hablan de la salida de “un doble closet”. Y el rechazo se debe al imaginario social que tenemos de los bisexuales, imaginario que han promovido los mitos difundidos ampliamente en largo tiempo.
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Se ha documentado ya sobre la dificultad de reconocerse diferente en una sociedad heterosexista y homofóbica; Olivera y Oviedo mencionan como Castañeda, Soriano y Woodman y Lenna, coinciden cuando señalan que
El descubrimiento de la propia homosexualidad implica un proceso de formación de identidad que pasa por diversos momentos que garantiza un momento de confusión, crisis, rechazo y una necesidad de reorganizar y de resignificar el papel que tienen en la sociedad, por lo que se plantean la necesidad de crear un nuevo plan de vida distinto al heterosexual. (Olivera y Oviedo, 2004, p. 116)
Y como a esto se le suma el rechazo del otro grupo, autores como Riesenfeld (2006) hablan de la salida de “un doble closet”. Y el rechazo se debe al imaginario social que tenemos de los bisexuales, imaginario que han promovido los mitos difundidos ampliamente en largo tiempo.
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El imaginario social consiste en creaciones psíquicas, figuras, imágenes, conceptos y significado de las cosas que nos rodean y están instituidas, de modo que los deseos quedan sometidos al poder, y en caso de ser contrarios a las normas sociales, deberán reprimirse. (Fernández citado en Olivera y Oviedo, 2004, p. 113)
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Gracias a esto, los sujetos podemos hacer generalizaciones y categorizaciones y podemos tener una especie de definiciones generales de determinados grupos sociales. Muchos podemos creer a simple vista que los nombres, las etiquetas, son los que permiten la discriminación, pero el categorizar es un proceso natural del ser humano para aprehender lo que se encuentra a su alrededor, lo que se debe de trabajar es en atacar las discriminaciones que se pueden y suelen hacer después de hacer categorizaciones.
Aparte de esto, creo que la importancia fundamental de nombrar las cosas es para darles existencia, si no se nombran se vuelven invisibles; además al ser nombradas y existentes, los seres humanos pueden definirse a si mismos y sentirse identificados con un grupo de iguales; la dificultad que presenta el grupo que se considera bisexual es que la identificación con ese grupo de iguales es difícil porque los mismos pertenecientes se tratan de ocultar por el rechazo social que pueden sentir, ellos mismos se autodenominan de acuerdo a la orientación con la que más se sientan a gusto en el momento, por ejemplo, (Blumstein y Schwartz citados en Álvarez-Gayou) cuando una mujer bisexual se encuentra en una relación con una mujer, se considera a si misma homosexual, y cuando tiene una relación con un hombre, se considera heterosexual, esto con el fin de pertenecer a estos grupos sociales (esto lo afirmo, pensando en una mayoría la cual manifiesta la dificultad de pertenecer al grupo de personas con orientación sexual bisexual).
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Esto es el planteamiento de la situación, ahora, para poder hacer algo al respecto, primero tenemos que tomar consciencia de nuestro papel en el proceso, tomar consciencia en que tanto hemos contribuido o no a la discriminación de un grupo que merece el mismo respeto que nosotros exigimos para nosotros mismos. Como dije en un principio, el ser humano no es un ser estático, el ser humano es capaz de hacer cambios y resignificar sus conceptos; el tiempo y la información modifican los imaginarios sociales, por esta razón considero que es importante seguir con la educación sexual integral de la población.
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Nuestra sociedad se basa en una educación en la competitividad y la búsqueda de poder, estas características se reflejan en este tema cuando creemos que nuestras opiniones, decisiones y preferencias son las que “deberían de ser para todos” y así vamos descalificando todo lo que sea diferente a lo nuestro. Mediante la educación en el respeto y la tolerancia, podemos enriquecernos cada vez más de nuestra sociedad diversa por naturaleza.
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Bibliografía
Álvarez-Gayou, J. (1986) Sexoterapia Integral. México: Manual Moderno
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Shibley, J. y DeLamater, J. (2006) Sexualidad Humana. México: McGraw Hill 9ª edición
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Olivera, E. y Oviedo, E. (2004) Mujeres bisexuales y lesbianas, ¿cómo viven su sexualidad?: Archivos Hispanoamericanos de Sexología (1), 105-130
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Riesenfeld, R. (2006) Bisexualidades. Entre la homosexualidad y la heterosexualidad. México: Paidós
Aparte de esto, creo que la importancia fundamental de nombrar las cosas es para darles existencia, si no se nombran se vuelven invisibles; además al ser nombradas y existentes, los seres humanos pueden definirse a si mismos y sentirse identificados con un grupo de iguales; la dificultad que presenta el grupo que se considera bisexual es que la identificación con ese grupo de iguales es difícil porque los mismos pertenecientes se tratan de ocultar por el rechazo social que pueden sentir, ellos mismos se autodenominan de acuerdo a la orientación con la que más se sientan a gusto en el momento, por ejemplo, (Blumstein y Schwartz citados en Álvarez-Gayou) cuando una mujer bisexual se encuentra en una relación con una mujer, se considera a si misma homosexual, y cuando tiene una relación con un hombre, se considera heterosexual, esto con el fin de pertenecer a estos grupos sociales (esto lo afirmo, pensando en una mayoría la cual manifiesta la dificultad de pertenecer al grupo de personas con orientación sexual bisexual).
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Esto es el planteamiento de la situación, ahora, para poder hacer algo al respecto, primero tenemos que tomar consciencia de nuestro papel en el proceso, tomar consciencia en que tanto hemos contribuido o no a la discriminación de un grupo que merece el mismo respeto que nosotros exigimos para nosotros mismos. Como dije en un principio, el ser humano no es un ser estático, el ser humano es capaz de hacer cambios y resignificar sus conceptos; el tiempo y la información modifican los imaginarios sociales, por esta razón considero que es importante seguir con la educación sexual integral de la población.
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Nuestra sociedad se basa en una educación en la competitividad y la búsqueda de poder, estas características se reflejan en este tema cuando creemos que nuestras opiniones, decisiones y preferencias son las que “deberían de ser para todos” y así vamos descalificando todo lo que sea diferente a lo nuestro. Mediante la educación en el respeto y la tolerancia, podemos enriquecernos cada vez más de nuestra sociedad diversa por naturaleza.
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Bibliografía
Álvarez-Gayou, J. (1986) Sexoterapia Integral. México: Manual Moderno
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Shibley, J. y DeLamater, J. (2006) Sexualidad Humana. México: McGraw Hill 9ª edición
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Olivera, E. y Oviedo, E. (2004) Mujeres bisexuales y lesbianas, ¿cómo viven su sexualidad?: Archivos Hispanoamericanos de Sexología (1), 105-130
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Riesenfeld, R. (2006) Bisexualidades. Entre la homosexualidad y la heterosexualidad. México: Paidós
